El pacto suscrito entre CiU
y ERC, que incluye la celebración de una consulta sobre la independencia de Cataluña en
2014, vicia la política catalana en una única dirección en medio de una crisis
económica que no se resuelve por arte de magia con una segregación. Artur Mas,
que fracasó en las urnas el pasado 25-N, sigue con su huida hacia adelante y se
convierte en rehén, más o menos cómodo, de los republicanos. La coalición nacionalista se lo
juega todo a una carta. Y la sociedad catalana, por deseo expreso de CiU y ERC,
también.
Incertidumbre. El pacto
suscrito entre CiU y ERC echa más leña a un fuego reavivado tras unos
resultados nada espectaculares del independentismo en las urnas del 25 de
noviembre. La celebración de un referéndum en el año 2014, sin fecha concreta,
sobre la permanencia o no de Cataluña dentro de España no parece un asunto de primera necesidad
como para encabezar la agenda política de una Generalitat que debería tener como prioridad
la lucha contra la crisis, un problema invencible hasta ahora. Ayer mismo
escuchaba a Joan Ridao, conocido tertuliano y exdiputado de ERC en el Congreso,
admitir que no existe todavía en Cataluña una mayoría cualificada para lograr
la independencia y que eso sería el reto de CiU y ERC en los próximos dos años.
¿Ese es el principal reto de la Generalitat? ¿Ese, de verdad? ¿Por qué el principal
reto no es la salida de la crisis? ¿Por qué ahora se va a fondo a por la salida
de España?


