Los salvajes atentados en Francia no
deben ocultar el fondo del problema. Las acciones de Occidente en el mundo
musulmán han sido en los últimos años absolutamente erróneas. Iraq, Afganistán,
Siria, Libia… son hoy países con parte de la población más fanatizada. Hablar
de una supuesta guerra de civilizaciones resulta un mensaje excesivamente
simplista. Y lo que menos se necesitará en los próximos años son titulares tan
impactantes como inexactos. No me vale con proclamar ahora con orgullo ‘Je suis
Charlie’ y olvidarse dentro de dos semanas. Ya ha pasado.
“Mi hermano era musulmán y fue asesinado por gente
que se dice musulmana. No lo son, son terroristas. Francés de origen argelino,
musulmán de fe, estoy muy orgulloso de mi hermano Ahmed, que representaba a la
Policía francesa y defendía la República: Libertad, Igualdad y Fraternidad”.
Malek Merabet despedía ante la prensa a su hermano Ahmed. En la mañana del 7 de
enero, Ahmed Merabet fallecía, rematado en el suelo, tras el ataque yihadista
al semanario Charlie Hebdo en París, que había dejado doce muertos. Instantáneamente,
París se convertía en el centro del mundo.