Las encuestas empiezan a reflejar un sentir que se percibe desde hace muchas
semanas en la calle: la derrota del bipartidismo PP-PSOE. Y por muchos motivos,
no solo la pesada sombra de la corrupción y el hastío de los ciudadanos. Un ascenso que solo inquieta a quien
lleva años aburguesado en una posición de privilegio y con comportamientos, en
ocasiones, antidemocráticos. No hay nada, para salvar el sistema, como apretar
el botón de reinicio.
La primera vez que
escuché hablar sobre Podemos fue escasas semanas antes de las elecciones
europeas del pasado 25 de mayo. Es cierto que, a pesar de mi condición de
ciudadano crítico, nunca he participado en un movimiento social de protesta del
estilo del 15-M, germen de Podemos a través de los círculos creados. Mi entorno
(en especial el laboral y el formado por los amigos) no destaca por su
movilización política. Individualmente, siempre es complicado.
