¿Dónde está Rajoy? Es la pregunta estrella de los últimos diecinueve
meses, desde que 'manda' en España. Las ausencias del presidente del Gobierno son cada vez más frecuentes. Ahora,
acorralado por el escándalo de los papeles de la contabilidad B del PP, nada ha
cambiado. Incluso se ha intensificado. A Rajoy no solo no le gusta responder,
es que ni siquiera quiere que le pregunten. Y ni se molesta en ocultarlo. Sin
opciones de prosperar en el Congreso de los Diputados por la mayoría absoluta
popular, la moción es ahora mismo un instrumento político muy válido para
instar a Rajoy a que abra la boca y, sin la ayuda de cómodas cuestiones
preparadas por medios de comunicación afines, sea de una vez claro y hable de
lo que no le apetece hablar. No se puede gobernar un país escondido en una
cueva con un país cada vez más crispado e indignado contra La Moncloa.
No sé si habrá moción de censura contra el presidente del Gobierno. Es
una posibilidad que gana enteros según avanzan los detalles de la contabilidad
B del PP que manejaban Luis Bárcenas, actual preso en Soto del Real, y Álvaro
Lapuerta. Mariano Rajoy se encuentra en una situación más que incomoda. Su
honorabilidad está muy tocada y con ella la credibilidad de un Gobierno
sustentado por un partido sobre el que existen dudas muy serias de financiación
ilegal.


